sábado, 9 de marzo de 2013

LA EXPANSIÓN DE LOS ESTADOS UNIDOS. DE LA CONQUISTA DEL OESTE AL IMPERIALISMO.


Este país, a pesar de haber sido un antiguo territorio colonial británico, no tardó en iniciar su propia expansión colonial. Durante todo el siglo XIX ésta se centró en el desplazamiento de los colonos hacia el oeste, en busca de nuevas tierras de cultivo, pastos y riquezas mineras. Para ello se exterminó y recluyó en reservas específicas a buena parte de la población nativa y se agre­dió a otros países, como México, al que se arrebató sus territorios al norte del río Grande. Hacia 1890 finalizó esta expansión continental.


 



La proclamación de la independencia de Texas en 1835 desencadenó, posteriormente, la declaración de guerra de Estados Unidos a México (1846-1848). En 1848 Estados Unidos venció y se anexionó Nuevo México, Arizona, Utah, Nevada y California.


Tras esta expansión, Estados Unidos, ya una gran potencia industrial, desarrolló su propio imperialismo en ultramar. Por tanto, la entrada de Estados Unidos en la esfera internacional será en los años noventa del siglo XIX. El imperialismo norteamericano no se caracterizó por la posesión de amplios dominios territoriales sino por el control económico y financiero de determinadas áreas del Océano Pacífico y del mar Caribe. Con todo, las causas del imperialismo norteameriano fueron más complejas que las meramente económicas, pues tenían un amplio mercado interno, que era capaz de absorber la oferta industrial. 

Podemos encontrar razones ideológicas (sentimiento de superioridad del pueblo estadounidense) en diversas doctrinas. La denominada Doctrina Monroe de 1823 al declarar que los territorios americanos "no deben ser en lo sucesivo considerados como sujetos a colonización por ninguna potencia europea" formalmente aparece como una formulación antiimperialista pero en realidad perseguía dejar las manos libres de EE.UU para intervernir económicamente en el continente americano, sobre todo en una época en la que se estaba descomponiendo el Imperio español y sus despojos eran atractivos para la expansión industrial y financiera norteamericana. Y la Doctrina del "Destino Manifiesto" defendía que el estadounidense era el pueblo elegido por Dios, lo que les permitía apropiarse de las tierras que consideraban destinadas a formar parte de los Estados Unidos. Estas doctrinas afianzaron un sentimiento nacionalista mezcla de superioridad racial, política, religiosa, cultura y técnica de la raza blanca anglosajona sobre los latinos que poblaban la mayor parte de América. 

Por otro lado, existen motivaciones geopolíticas como las defendidas por el almirante Alfred T. Mahan que tuvieron gran seguimiento. Mahan era partidario de afianzar la posición de Estados Unidos mediante el dominio estratégico del mar, mediante un control de importantes bases navales y el desarrollo de una flota de guerra, más que por la anexión de territorios. Todas estas ideas justificaron el derecho a la intervención.

En 1898 el presidente Mc Kinley intervino en Cuba y Filipinas con una potente armada y grandes intereses en juego (apoyo de poderosos medios económicos, la prensa y los medios nacionalistas) y se deshizo lo que quedaba del Imperio español en ambas zonas en 1898, apoderándose de Filipinas y de otros archipiélagos del Pacífico (islas de Guam y Hawai); además, puso bajo su protección a Cuba (independiente) y a Puerto Rico (como Estado asociado) en el Caribe. 

En 1898, EE.UU intervino en el conflicto hispano-cubano (el pretexto fue la explosión del acorazado Maine anclado en el puerto de la Habana. En realidad la explosión se había producido por causas accidentales) derrotando a la armada española en Santiago de Cuba y en Cavite (Filipinas). Por el Tratado de París España cedió a EE.UU, Puerto Rico, Filipinas y la isla de Guam. Cuba se independizaba aunque quedaba bajo la influencia norteamericana. La Enmienda Platt en la Constitución cubana permitía la ingerencia norteamericana en los asuntos cubanos. Aunque fue abolida en 1934 la isla quedó bajo control americano hasta la Revolución de 1959. 

A estas seguirían otras intervenciones en América del sur y central con el objetivo de liderar política y económicamente el continente y defender los intereses estadounidenses, tanto estratégicos (bases militares) como comerciales (com­pañías y accionistas). 

El afianzamiento de la posición de Estados Unidos en el Caribe y el Pacífico se completó con la política intervencionista del presidente Theodore Roosevelt, presidente desde 1901. Roosevelt  en 1904 acabó de perfilar las bases del expansionismo e intervencionismo norteamericano justificándolo como una vuelta a la Doctrina Monroe (Corolario Roosvelt) y con la necesidad de actuar enérgicamente, política del "gran garrote" (big stick), es decir, el derecho de los Estados Unidos a intervenir en los asuntos internos de otros países.

Esta política provocó la independencia de Panamá (1903), separada de Colombia a instancias de EE UU, país que se convirtió en su «protector», a cambio de la concesión del canal inaugurado en 1914. Ante la negativa colombiana de ceder el territorio panameño para la construcción de un canal que comunicase el Atlántico con el Pacífico, los EE.UU propulsaron la independencia de Panamá y la ocupación de una franja paralela donde se construyó el canal. 

Los norteamericanos también habían intervenido en Venezuela, Nicaragua (1909), República Dominicana (1905), Honduras (1910), Haiti (1914) y Cuba (en 1906 se le hizo cede una base naval en Guantánamo). 

En la expansión comercial y estratégica americana hacia el SE de Asia, los norteamerianos dominaron, además de Las Filipinas, Hawai y Wake, otras islas del Pacífico controlando de esta forma la ruta hacia China donde intervinieron con la justificación para sofocar la rebelión de los bóxers. 

En 1887 Estados Unidos compró Alaska a Rusia. 










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