miércoles, 20 de febrero de 2013

BASES IDEOLÓGICAS DEL MOVIMIENTO OBRERO. EL SOCIALISMO UTÓPICO.


Desde un punto de vista ideológico, la respuesta a los abusos del capitalismo industrial y a la indefensión de los obreros frente a sus patronos, dio lugar al desarrollo de las primeras teorías sociales que intentaban dar soluciones a esa situación.
Nacen así los primeros socialistas, más tarde denominados “utópicos” que fueron, principalmente, en Francia, Saint-Simon, Fourier, Proudhon, y en Gran Bretaña, Owen. El socialismo utópico proyectó comunidades cuyo modelo esperaban extender pacífica y progresivamente. Esta forma de propagar sus reformas sociales, alejada de la lucha de clases, es lo que les mereció el calificativo de “utópicos”, termino que se consolidó a raíz de la obra de Marx y Engels, El Manifiesto Comunista, proyecto de socialismo científico alternativo al utópico. Las ideas fundamentales del socialismo utópico se pueden resumir en:
- Denunciaron la explotación y la miseria que sufrían los obreros y obreras
- Criticaban al sistema capitalista, basado en la propiedad privada, la competitividad y el ansia ilimitada del beneficio
- Planteaban sustituirlo por un sistema de organización social y de producción realizados de forma colectiva y cuyas rentas estuviesen igualmente repartidas. En algunos casos proponen sociedades ideales basadas en la armonía más que en el conflicto y la competitividad. Priman la solidaridad, la filantropía y el amor fraternal.
- Confiaban en que la tarea de reformar la sociedad capitalista y eliminar sus males (explotación, miseria, degradación) podía realizarse pacíficamente, sin necesidad de una revolución o lucha de clases que enfrentase violentamente a obreros y capitalistas. 
Pero, entre otras cosas discrepaban en cuanto a la forma ideal de organización de la sociedad, la propiedad privada y el papel del Estado.

Conde de Saint-Simón (1760-1825): noble ilustrado partidario de la supresión del Antiguo Régimen. Elaboró en su obra Catecismo político de los industriales (1819), un socialismo industrial. Para Saint-Simón la sociedad ideal sería aquella en la que se eliminase la injusticia y la división de la sociedad en “trabajadores” (burguesía, campesinos, artesanos y obreros) y “ociosos” (nobleza y clero) por una sociedad industrial en la que la tecnología estuviese al servicio de todos y gobernaba por los más capaces, los magnates de la industria y los científicos (tecnocracia).  Es un socialismo de carácter productivista más critico de la nobleza que de los problemas industriales.

Charles Fourier (1772-1837): proveniente de una familia burguesa comercial, elaboró sus teorías que rechazaban la organización social existente, de la que resalta los aspectos más inhumanos de la producción a gran escala y de competencia (explotación, miseria y monotonía laboral). Como alternativa a la organización capitalista propone establecer una organización social más adecuada a la naturaleza del hombre. Esa  nueva forma de organización social son los falansterios. Se trata de pequeñas comunidades (entre 1500 y 2000 personas) que se crearían por la acción voluntaria; en las que cada trabajador aportaría un mínimo de capital y realizaría aquel trabajo más adecuado a su carácter; y en las que se trabajaría en armonía mutua, eliminándose el beneficio y la competencia. Estas comunidades se basarían, sobre todo, en el trabajo agrícola que Fourier consideraba como la principal y la más natural ocupación de los hombres, lo cual implicaba un rechazo completo a la sociedad industrial.

Robert Owen (1771-1858) es uno de los pocos socialistas utópicos británicos. Influido por los problemas de la sociedad industrial (él mismo fue propietario de una fábrica, New Lanark al contrario que Fourier no pensaba en una vuelta a una sociedad preindustrial reformada. En Owen se distinguen dos etapas. Una filantrópica (1813) en la que intenta convertir su propia empresa en una fábrica-modelo (reducción de la jornada laboral, creación de escuelas y de cooperativas de consumo), confiando en que otros empresarios adoptarían medidas similares. Otra cooperativista 1831-1844 en la que rechaza totalmente el sistema capitalista y propone la creación de comunidades o colonias agrícolas e industriales que reemplazarían sin violencia las estructuras existentes. En estas colonias el trabajo sería igualitariamente repartido, no habría salarios en forma de moneda sino en bonos-trabajo y tanto la producción como el consumo estaría socializado. Owen intentó organizar en Gran Bretaña esas cooperativas, esperando hallar apoyo de los empresarios y el Estado. Decepcionado, marchó a los EE.UU donde, en 1824, fundó una de esas cooperativas , la New Harmony, que terminó en fracaso. Owen destaca tanto por ser el inspirador del cooperativismo como por su notable papel de dirigente sindical en la etapa 1830 a 1836.

Pierre-Joseph Proudhon (1809-1865) fue el primer socialista en llamarse a sí mismo anarquista. Concibe que, en la sociedad futura, el Estado debe desaparecer y ser sustituido por dos nuevas formas de organización: el mutualismo y el federalismo. La nueva sociedad deberá estar organizada en pequeñas unidades agrícolas y artesanales, basadas en la ayudad mutua y en la autogestión por los propios trabajadores que se asociarán o federan libremente, haciendo desaparecer de esta manera el centralismo y el autoritarismo del Estado. Aunque es una de sus primeras obras ¿Qué es la propiedad? (1840) respondía que “la propiedad es un robo” Proudhon no se oponía totalmente a la propiedad privada en sí sino a la propiedad absoluta del capitalista que implica la negación de la existencia del interés social. Su pensamiento influyó en el anarquismo y los obreros del París de 1850-1860 así como en la sección francesa de la AIT.

Étienne Cabet (1788-1856), en su obra Viaje a Icaria defendía la supresión de la propiedad privada y el comercio, y la organización democrática de la política.